«Fumar mata.»
Durante años, este mensaje apareció impreso en letras grandes en los paquetes de cigarrillos. Después llegaron las fotografías, las advertencias sanitarias y las campañas que mostraban de forma muy directa las consecuencias del tabaquismo.
Hoy surge otra pregunta: ¿deberíamos usar mecanismos similares para advertir a los jóvenes de los riesgos que conlleva un uso problemático de las redes sociales?
La idea puede parecer sorprendente. Está claro que un cigarrillo y un smartphone no tienen nada que ver en cuanto a salud se refiere. Sin embargo, esta comparación interesa cada vez más a los investigadores y a los responsables de salud pública por otra razón: en ambos casos, informar sin hacer que la gente se sienta culpable y conseguir cambiar un comportamiento arraigado sigue siendo especialmente difícil.
Un estudio publicado en septiembre de 2026 aporta precisamente nuevos datos al debate.
Avisos integrados directamente en las redes sociales
Unos investigadores de Stanford Medicine han probado diferentes mensajes con 1.012 adolescentes y jóvenes estadounidenses de entre 13 y 29 años.
El experimento no consistía simplemente en preguntar a los participantes qué pensaban de las redes sociales.
Los investigadores les mostraron varias advertencias diseñadas para aparecer directamente en el entorno de una red social, como podría hacerlo una ventana emergente en Instagram.
Los mensajes trataban, entre otras cosas, sobre la salud mental, la ansiedad, la depresión, el sueño, la imagen corporal o incluso los comportamientos problemáticos relacionados con las redes sociales.
También se ofrecía un mensaje que simplemente invitaba a hacer una pausa de la pantalla.
El resultado es interesante: las advertencias que mencionaban claramente las posibles consecuencias para la salud se consideraron más eficaces que el simple recordatorio en el que se pedía dejar de usarla por un rato.
Los mensajes sobre la salud mental en general, la depresión y la ansiedad obtuvieron los resultados más destacados. Los investigadores también observaron que estas advertencias aumentaban el conocimiento de los riesgos entre los participantes.
Eso aún no demuestra que un adolescente que usa TikTok tres horas al día vaya a reducir de verdad el tiempo que pasa delante de la pantalla después de ver una advertencia.
El estudio mide sobre todo cómo se percibe la eficacia del mensaje y la intención declarada, y no una reducción duradera del consumo a lo largo de varios meses.
Este matiz es fundamental.
¿Por qué siempre se vuelve a sacar el tema del tabaco?
Los investigadores no eligieron el modelo de las advertencias sanitarias al azar.
Desde hace varias décadas, el tabaco es uno de los ejemplos más evidentes de una política de prevención en la que el consumidor se enfrenta directamente a las posibles consecuencias de su comportamiento.
Las campañas de prevención han ido cambiando poco a poco.
Las pequeñas advertencias escritas se han sustituido por mensajes más visibles. Después, los paquetes empezaron a incluir fotografías y, en varios países, un diseño cada vez más estandarizado.
Pero ninguna advertencia por sí sola basta para acabar con una adicción.
Una persona dependiente de la nicotina puede conocer perfectamente los riesgos cardiovasculares y de cáncer que conlleva el tabaco y, aun así, seguir fumando.
Esta es una de las grandes lecciones que nos enseña la prevención de las adicciones: conocer un riesgo no significa automáticamente que vayas a conseguir cambiar tu comportamiento.
Esta observación también podría ser útil a la hora de pensar en las redes sociales.
Decir «es peligroso» no siempre basta
Un adolescente suele saber que pasa mucho tiempo con el móvil.
Mostrarle cada día el tiempo que pasa delante de la pantalla no significa necesariamente que vaya a cambiar sus hábitos.
¿Por qué?
Porque las redes sociales cumplen varias funciones a la vez.
Sirven para charlar con tus amigos, descubrir vídeos, estar al día de las noticias, entretenerte, sentirte parte de un grupo o, simplemente, combatir el aburrimiento.
Así que el problema no es solo el número de minutos que pasas en una aplicación.
También hay que entender por qué volvemos allí sin darnos cuenta.
Aquí es donde la comparación con el cigarrillo se vuelve más interesante.
El fumador no solo consume nicotina. Con el paso de los años, suele asociar el cigarrillo con el café, el estrés, la pausa en el trabajo, la comida o los momentos con los amigos.
Del mismo modo, desbloquear el móvil puede convertirse en un acto automático relacionado con la espera, el aburrimiento o una emoción desagradable.
En ambos casos, parte del comportamiento puede acabar activándose incluso antes de que se haya tomado una decisión realmente consciente.
¿De verdad tienen los adolescentes un consumo problemático?
Hay que evitar que el uso de las redes sociales se convierta en una adicción.
Un adolescente que se comunica a menudo con sus amigos en una red social no tiene por qué estar pasando por un mal momento.
La Organización Mundial de la Salud distingue, entre otras cosas, entre el consumo intensivo y el consumo problemático, que se caracteriza por la dificultad para controlar el comportamiento y por sus consecuencias negativas.
Según los datos europeos de la encuesta HBSC 2021-2022, alrededor del 11 % de los adolescentes mostraban signos de uso problemático de las redes sociales. Esta proporción era del 7 % en la anterior medición de 2018.
Sin embargo, la OMS destaca que lo digital no solo conlleva riesgos.
Las redes también pueden fomentar las relaciones sociales y ofrecer espacios de apoyo o de expresión.
Así que la cuestión no es si habría que eliminar las redes sociales de la vida de los adolescentes, sino más bien cómo reducir un uso que se está volviendo difícil de controlar.
¿Puede ser que un mensaje impactante acabe perdiendo su eficacia?
Esa es una de las limitaciones de cualquier medida preventiva basada en advertencias.
Cuando ves el mismo mensaje cientos de veces, puede que al final dejes de prestarle atención.
El paquete de cigarrillos sigue ahí, sobre la mesa, a pesar de la foto. La ventana de advertencia se cierra automáticamente. Deslizas el dedo para ignorar la notificación que te pide que te tomes un descanso.
Los expertos a veces hablan de «acostumbramiento al mensaje».
Esto significa que probablemente lo que realmente importa no es solo que las advertencias sean más llamativas.
También hay que pensar en su contenido, en la frecuencia con la que aparecen y en el momento en que se publican.
Un mensaje que simplemente diga «las redes sociales son peligrosas» puede resultar, por ejemplo, demasiado general.
Una advertencia que se adapte al contexto podría ser más útil:
- recordar el tiempo transcurrido cuando el uso se alarga mucho;
- explicar las posibles consecuencias que tiene el uso nocturno sobre el sueño;
- proponer una medida concreta en lugar de una simple prohibición;
- derivarte a un recurso cuando tú mismo sientas que estás perdiendo el control.
Esa es precisamente una de las conclusiones interesantes del estudio de Stanford: el contenido concreto de la advertencia es lo que importa.
Advertir sin hacer que se sientan culpables
La prevención no funciona bien cuando convierte a la persona en culpable.
Esto se aplica tanto a las pantallas como a las adicciones a las sustancias.
Decirle a un adolescente «estás enganchado al móvil» puede provocar una reacción a la defensiva al instante.
Decirle a un fumador «ya sabes que te vas a poner enfermo» rara vez le aporta algo que no sepa ya.
Un enfoque más útil consiste en ofrecer herramientas que te permitan recuperar poco a poco el control.
En cuanto a lo digital, esto puede implicar pasar ratos sin teléfono, desactivar ciertas notificaciones, no tener el móvil en el dormitorio o desactivar funciones diseñadas para que lo consultes una y otra vez.
En el caso del tabaco, el principio es parecido: identificar las situaciones que te dan ganas de fumar automáticamente te permite preparar otras respuestas.
Así, la prevención deja de ser una cuestión moral y se vuelve mucho más práctica.
Las redes sociales y el tabaco: cuando ambos mundos se cruzan
Por cierto, hay otro vínculo entre estos temas: las redes sociales son hoy en día un espacio en el que los jóvenes están expuestos a un montón de contenidos relacionados con la nicotina.
Los cigarrillos electrónicos, los productos con nicotina, los hábitos de consumo, los influencers o los contenidos humorísticos pueden contribuir a una especie de normalización.
El reto es aún más complicado porque la publicidad tradicional ya no siempre se reconoce a simple vista.
Un producto puede aparecer en un vídeo, ser utilizado por un creador de contenido o formar parte de una tendencia sin adoptar la forma tradicional de un anuncio.
Por eso, la prevención del tabaquismo entre los jóvenes tiene que tener en cuenta a partir de ahora este entorno digital.
El paquete de cigarrillos ya no es el único lugar donde se transmite el mensaje de salud pública.
Informar es fundamental, pero acompañarte lo es igual de importante
La experiencia con el tabaco también pone de manifiesto otra limitación del mensaje preventivo: cuando la adicción ya está asentada, la información por sí sola ya no suele ser suficiente.
Una persona puede conocer perfectamente los peligros del tabaco y, aun así, necesitar ayuda para dejarlo.
Entre los métodos reconocidos se incluyen, sobre todo, el apoyo de un médico o un especialista en tabaquismo, los sustitutos de nicotina y algunos enfoques conductuales.
Hay otras personas que también recurren a métodos complementarios. MyLaserTabac ofrece, por ejemplo, un tratamiento con láser para dejar de fumar que se basa en la estimulación de zonas auriculares con láser de baja intensidad.
Este enfoque debe considerarse como un complemento: los resultados pueden variar según cada persona y no sustituye a un tratamiento ni a un seguimiento médico cuando estos sean necesarios.
La red MyLaserTabac está abriendo centros en varias regiones francesas y también forma a profesionales para que ayuden a las personas que quieren cambiar ciertos hábitos relacionados con el tabaco y otras adicciones.
Al final, la lógica nos lleva al tema de las redes sociales: es mejor prevenir ese comportamiento antes de que se convierta en un problema, pero sigue siendo imprescindible saber cómo apoyar a quienes ya tienen dificultades.
¿Deberían los padres convertirse en los «policías» del móvil?
Probablemente no.
Una vigilancia constante puede acabar trasladando el problema sin que el joven aprenda a controlar su comportamiento por sí mismo.
Un adolescente solo es capaz de respetar un límite cuando le quitan el móvil, pero vuelve a caer en exactamente los mismos hábitos en cuanto vuelve a tener libertad.
El papel de los adultos consiste más bien en establecer un marco que se pueda entender.
¿Por qué hay que evitar usar el móvil por la noche? ¿Por qué hay notificaciones que son tan difíciles de ignorar? ¿Por qué ver un vídeo te lleva inmediatamente a ver otro?
Entender cómo funcionan estos mecanismos te ayuda a salir de esa oposición estéril entre adultos «razonables» y adolescentes «adictos a las pantallas».
Por otra parte, ni siquiera los adultos son siempre un ejemplo a seguir.
Es difícil explicarle a un adolescente que tiene que dejar el móvil a un lado mientras come cuando uno de los padres revisa sus correos cada tres minutos.
¿De verdad pueden los mensajes sobre salud cambiar los hábitos?
El nuevo estudio de Stanford ofrece una pista interesante, pero aún no una respuesta definitiva.
Demuestra que una advertencia sanitaria bien diseñada puede aumentar la percepción del riesgo y reducir las ganas que dicen tener los adolescentes y los jóvenes adultos de usar las redes sociales.
Ahora queda por ver qué pasa cuando estos mensajes se aplican en la vida real.
¿Seguirán llamando la atención dentro de seis meses?
¿De verdad van a ayudar a reducir el tiempo de uso?
¿Tendrán los mismos efectos según la edad, la plataforma y el nivel de uso?
Para responder a estas preguntas aún hacen falta datos.
La experiencia con el tabaco demuestra, en cualquier caso, que una política eficaz rara vez se basa en una sola medida.
Las advertencias, la normativa, la educación, el entorno social y el apoyo a las personas con dificultades deben funcionar de forma conjunta.
Conclusión: lo importante es hacer visible el riesgo sin que el mensaje pase desapercibido
Las redes sociales ya forman parte del día a día de los jóvenes. Imaginar que desaparecieran por completo no es ni realista ni, necesariamente, deseable.
La cuestión es más bien cómo conseguir que los adolescentes disfruten de sus ventajas sin ir perdiendo poco a poco el control sobre su uso.
Las advertencias sanitarias podrían ser una de esas herramientas.
El estudio publicado en septiembre de 2026 sugiere que los mensajes que hablan directamente de salud mental, ansiedad o depresión se toman más en serio que un simple recordatorio en el que se invita a tomarse un descanso.
No obstante, la historia de la prevención del tabaquismo nos enseña una lección importante: una advertencia puede crear conciencia, pero no siempre basta para cambiar un comportamiento de forma duradera.
La prevención resulta realmente útil cuando no se limita a decir «cuidado».
Además, tiene que explicar por qué, proponer soluciones y ayudar a quienes lo necesiten a encontrar ayuda.